Obsesión “Syberiana”

Llevo un tiempo jugando solo con la PlayStation 4 aunque dispongo de material en otros sistemas pero, ahora mismo, no es algo con lo que me apetece ponerme. No obstante, como tampoco tengo muchos juegos, el tiempo lo paso rejugando y exprimiendo lo que poseo, y ello incluye la obtención de trofeos. Son varios los que he logrado completar en este sentido y el último de ellos, “Syberia 3”, ha dejado una honda huella a tenor de lo que estoy experimentando últimamente. Muchos lo llamarán obsesión y es posible que tengan razón, ya que no es algo normal lo que me está sucediendo con este juego, más si tenemos en cuenta que no es una novedad para mí porque ya lo había jugado y completado meses antes y creo recordar que por entonces no viví nada de esto que voy a contaros…

Esa emoción que siempre vuelve a aflorar

Sería estúpido pensar que, como en cualquier otro ámbito, todos los que jugamos a videojuegos lo hacemos solo por puro entretenimiento o consumo, si bien es cierto que es a esto último a lo que nos está empujando el modelo actual de la industria, un tema que ya he tratado en otras ocasiones y sobre el que no hace falta volver. Sí, los videojuegos están hechos con el fin de pasar un rato, bueno, varios más bien en los que no pensemos en otra cosa que en disfrutar de la propuesta que para nosotros crearon expertos en diversas disciplinas informáticas (programación, gráficos, sonido, etc) pero he aquí que la unión de todo ello consigue a veces no solo entretenernos sino emocionarnos incluso hasta el punto de llegar a derramar alguna lágrima. En este post voy a mencionar los ejemplos más representativos de esto a nivel personal. ¿Coincidiremos en alguno?

Sin sonido no es lo mismo

Viernes, 15 de junio de 2018. Estaba, como mucha gente, viendo el partido del mundial de Rusia que enfrentaba a España contra Portugal. Aguanté lo que pude la retransmisión hasta que llegó un momento en el que dije: “Basta”, y cerré la aplicación del móvil. ¿El motivo? La absoluta parcialidad de los comentaristas, que alaban cualquier cosa de “su país”, sea buena o mala, mientras desprecian o hacen burla del rival, cosa que en apenas media hora que vi del encuentro sucedió en demasiadas ocasiones. En consecuencia decidí no ver ningún partido más de España y ya veremos si del resto de selecciones a pesar de que, en estos casos, se muestran más comedidos e imparciales…

Pasiones que despiertan de nuevo

Es imposible que seamos siempre los mismos, pues el paso de los años y las vivencias que acumulamos nos van forjando como personas. Aprendemos cosas nuevas, a ver la vida de otra forma y, por supuesto, adquirimos hábitos y aficiones que tiempo atrás nunca tuvimos. Pero también vamos dejando muchas cosas atrás sobre todo porque ya no nos llenan, no nos dicen nada ni nos hacen sentir nada especial. En lo relativo a los videojuegos quiero hoy contaros varios ejemplos de esto último…

Virtud de la amistad

Incluso en el más oscuro de los pozos se puede ver algo de luz. Y si además alguien te lanza una cuerda con la que poder iniciar lo que sin duda será una dura ascensión, no se puede estar más que agradecido por ello. Así me siento yo en estos momentos merced a una conversación mantenida esta mañana con el que una vez más ha demostrado ser por méritos propios mi mejor amigo. A él en particular le quiero dedicar este post…

Atisbando el final del camino

Aquellos que conocen este blog desde sus comienzos es posible que recuerden el que fuera su segundo artículo, que dediqué a mi vínculo con los videojuegos y la perspectiva de futuro de este (para leerlo, pinchad aquí). Ha pasado un poco de tiempo desde entonces y puedo deciros que la sensación que tuve no solo no ha desaparecido ni menguado sino que ha crecido y bastante. En otras palabras, eso que jamás pensé que pudiera ocurrir, que si me lo hubieran dicho hace unos años quizá me habría hasta reído a carcajadas, hoy es una rotunda realidad…

Ser parte de un videojuego

“Ese podría ser yo” es algo que seguro que muchos de los que estamos metidos en el mundillo nos hemos dicho a nosotros mismos al imaginarnos en la piel de un personaje concreto de un juego determinado. Por desgracia eso casi siempre se queda en el “podría” pero hay ocasiones en las que se dan las circunstancias que propician dar ese anhelado paso, que nos brindan la oportunidad de formar parte de aquello que tanto nos gusta, de ser una parte real del resultado. Eso fue lo que yo estuve a punto de vivir hace mucho tiempo…

Sobrepasado por las posibilidades

Todos los días echo un vistazo a las noticias que ofrecen los diversos medios de información de este nuestro mundillo de los videojuegos. También sigo, en redes sociales, aquello que me interesa y, por supuesto, escribo sobre ello. Pero hay tanto para ver, para jugar, para comentar, que de vez en cuando no puedo evitar sentirme sobrepasado ante semejante cantidad de juegos y cosas relacionadas con los mismos.

El fútbol ya no es lo que era…

El fútbol es algo que, a día de hoy, me produce sentimientos encontrados. Por un lado como deporte me gusta, a pesar de que hace años que no lo practico. Pero me desagrada enormemente su vertiente más mediática. De hecho, hace también mucho tiempo que dejé de seguir las retransmisiones de los partidos tanto en radio como en televisión, y no me apetece volver a retomarlas. En lo que se refiere a los videojuegos, esto obviamente ha influido en mi motivación para ponerme a jugar con determinados títulos pero ello no significa que no haya ninguno que, al menos, me llame un poco la atención. Sin embargo, ha cambiado todo tanto que lo cierto es que, a día de hoy, casi ninguna de las propuestas actuales me atrae…

En busca del manual perdido

Si hay algo que nos gusta en especial a muchos de los que amamos lo “retro” es el poder tener los juegos “completos”, es decir, con su caja y su manual. Cierto es que no se juega con ninguno de estos elementos, que se hace con el cartucho o disco de turno pero no lo es menos que tanto la caja y su carátula como el manual de instrucciones son parte de ese trabajo que la compañía realizó en su momento para nosotros y que embellece y dota de un gran valor al conjunto, pues no es lo mismo guardar solo el soporte que contiene el juego que atesorar el producto en su totalidad y de ahí en especial aquellos casos no solo de los juegos sino de las máquinas también, en los que el viejo envoltorio de cartón se llega a cotizar tanto o más que lo que guardaba dentro. A menudo mucho, demasiado más, pero eso es otro tema que trataré en el futuro…