Mi colección de juegos, casi completada

Quien más, quien menos, todos los que jugamos a los videojuegos acabamos acumulando con el paso del tiempo una serie de títulos en nuestras estanterías o bibliotecas digitales. Yo soy más partidario del formato físico que del digital, aunque también he disfrutado de buen material en este último. Pero al hablar de mi colección personal, siempre me remito a los juegos que tengo en físico porque pienso que serán los que, pase lo que pase (salvo alguna desgracia mayor), siempre tendré ahí.

Organizando la colección

Comentaba hace unos días en las redes sociales que si algo he aprendido es a no hacer cosas, en este caso artículos para el blog, estando bajo de ánimo. ¿Por qué? Pues porque lo normal es que la mente nos juegue una mala pasada y se acabe plasmando una serie de pensamientos e ideas que no son los que realmente tendríamos en una situación normal. Así que si leísteis un post que publiqué en el que hablaba de quedarme solo con lo justo en lo referente a mi colección de juegos y que, por cierto, ya no está disponible, que sepáis que lo que escribí no tiene nada que ver con la que es mi postura habitual sobre el tema. Dicho esto, entraré en materia…

Mi última adquisición relacionada con Shenmue

“Shenmue” es una saga que cambió mi vida. No es para mí por lo tanto un juego más, una historia más o un universo más de esos muchos que todos, a lo largo de los años, conocemos y llegamos en algunos casos a vivir como nuestros. Es tal el apego que siento hacia la obra creada por Yu Suzuki que a menudo me arrepiento de no haber adquirido ciertas piezas relacionadas con ella, como por ejemplo las figuras de Ryo Hazuki y de Lan Di que lanzó la compañía First 4 Figures pero, por desgracia, su precio era demasiado alto para mis posibilidades. Sin embargo, me he resarcido de aquello en cierta forma comprando otro producto por el que, dada su calidad, ha merecido la pena pagar lo que vale…

Una pieza de museo

Como bien sabéis, mi primer sistema de ocio electrónico fue un Amstrad CPC 464 Plus!, una máquina que por desgracia ya no poseo pero que espero volver a tener algún día. Lo que sin embargo nunca imaginé que llegaría a adquirir es esto que podéis ver en la fotografía y que, caprichos del destino, acabó en mis manos tras pasar meses, tal vez años, en el interior de una vitrina de una pequeña tienda de segunda mano sin que en apariencia nadie, ni siquiera los propios dueños del negocio, le prestara atención ni supiera el valor real de lo que allí se guardaba.