Mucho más que una mera diversión

Ayer, 14 de febrero, fue el día de los enamorados. Quién más, quién menos, todos hemos estado enamorados alguna vez de otra persona pero también de un lugar, una historia, un recuerdo e incluso de un objeto. Las razones pueden ser muchas y muy variadas, e ir desde el “flechazo” a un intenso y profundo apego emocional que hace que sintamos que eso que nos cautiva forma parte real de nosotros. Los videojuegos también tienen este poder, y hoy quisiera hablaros de algunos casos personales a este respecto…

Naturalmente, en esto podrían entrar todos esos juegos de los que os hablé la semana pasada pero los que me dispongo a comentar en este post son juegos que fueron, en su momento o posteriormente, calificados de poco menos que aberraciones, no solo por la prensa sino por casi todo el mundo. Sin embargo yo vi en ellos algo que casi nadie más vio, que hizo que quedase prendado de los mismos y que, como ahora voy a hacer, no me importara lo más mínimo el gritarlo a los cuatro vientos. Habrá quién piense que tengo mal gusto y mil cosas más pero lo cierto es que, y más a estas alturas de mi vida, poco o nada me importan ese tipo de críticas.

El primer juego que provocó en mí dicho efecto fue uno que tiene, en apariencia, mucho de lo que se podría considerar un producto a evitar. De hecho yo no lo compré en su momento sino que fue un amigo el que, por querer deshacerse de él, me lo dio. Tiempo después le dije que si lo quería de nuevo no me importaba devolvérselo pero se negó a ello. En consecuencia me lo quedé y la verdad es que no me arrepiento no solo de tenerlo sino de haberlo disfrutado como pocos. Se trata ni más ni menos que de la que es considerada, hasta donde yo sé, la primera aventura conversacional en castellano de la historia del videojuego: “Cobra’s Arc”, de Dinamic…

Yo lo tengo en su versión para Amtrad CPC y es, para quién no la conozca, una aventura gráfica cuyo argumento versa sobre la búsqueda de un tesoro, oculto en el llamado Templo Cobra. Como se puede apreciar en la imagen, el aspecto del juego es ciertamente tosco incluso para una máquina como el CPC, pero no fue eso solo lo que se criticó de un juego que también, por supuesto, tiene sus cosas buenas. No obstante, y para no alargarme demasiado, más adelante si queréis dedicaré un post íntegro a cada uno de los casos que mencione aquí, ¿os parece bien?

Del CPC salto ahora a las primeras máquinas de 32 bits con uno de sus primeros juegos, la entrega de la saga “Street Fighter” que Capcom lanzó con motivo de la película protagonizada por Jean Claude Van Damme, película que dicho sea de paso si bien como adaptación del juego deja bastante que desear puesto que el rol de muchos de los personajes es completamente diferente, ello no la hace menos entretenida y hasta graciosa en ciertos momentos. Pues bien, volviendo al juego, “Street Fighter: The Movie” recibió palos por (casi) todas partes y es todavía a día de hoy tachado de ser, con diferencia, la peor entrega de todas.

No puedo estar en mayor desacuerdo con esta afirmación porque ni de lejos es cierta, máxime cuando su jugabilidad, que es o debería ser lo más importante, es clavada a la de sus homónimos de la época, en concreto al “Super Street Fighter II Turbo” ya que todos los movimientos, incluidos los especiales, están presentes en el juego y se ejecutan de idéntica manera. Defender, como he llegado a leer, que en este aspecto uno es muy bueno, casi perfecto (Turbo) y el otro un crimen contra la humanidad (Movie) es sinceramente, y siendo suaves, no tener dos dedos de frente. Por otro lado, el juego cuenta con elementos que lo hacen interesante por sí mismo, como el modo “Movie” en el que solo manejamos a Guile (Van Damme) y seguimos los acontecimientos de la película. Aún a día de hoy lo juego siempre que pongo mi Saturn y me sigue pareciendo tan genial como las demás entregas de la saga de aquellos años.

Podría continuar pero lo dejaré para un posible análisis que haga más adelante (que bastante he comentado ya) porque quiero hacer mención al último caso, quizá el más sangrante de todos porque lo vivido por “Street Fighter: The Movie” no fue nada al lado de la auténtica caza de brujas que supuso la salida de la que es, por ahora, última entrega de la saga “Golden Axe”…

“Beast Rider” llegó cuando nadie esperaba ver nada nuevo de dicha saga y tras su anuncio todos los fans (o casi) suspiraban por algún tipo de “remake” o una nueva entrega que siguiera los pasos del original. Es decir, una aventura, a ser posible de desarrollo lateral, en la que podríamos ir acabando con hordas de enemigos bien en solitario o en compañía de al menos un amigo. Pero ser algo distinto fue, en mi opinión, lo que lo mató porque en lugar de una propuesta clásica, “Golden Axe: Beast Rider” es una suerte de precuela en la que encarnamos a una adolescente Tyris Flare, la amazona protagonista del primer juego. Sus dos compañeros en el clásico, Ax Battler y Gilius Thunderhead, aparecen también pero solo de manera testimonial y sin posibilidad alguna de ser manejados por el jugador. Y esto es algo que (casi) nadie perdonó a sus creadores ni entonces, ni ahora. En consecuencia se orquestó una campaña en la que no se dijo nada bueno sobre “Beast Rider” a pesar de ser un juego notable. “Beast Rider” fue además, para mí, un verdadero punto de inflexión porque desde entonces dejé de hacer caso a los análisis “profesionales” de videojuegos, cuya objetividad se puede poner en entredicho casi siempre.

Estos juegos que he defendido, a veces con ahínco, calaron hondamente en mi persona fuera ya por mi propio criterio, mi carácter o incluso mi empatía hacia quienes los crearon por lo que seguro tuvieron que padecer, pero el caso es que llegué a ver en ellos mucho más que un simple entretenimiento. Por esto es por lo que hace bastante que pienso que no hay que dejarse nunca llevar por la corriente dominante porque si yo por entonces hubiera hecho caso a quienes argumentaban que estos tres juegos eran y son basura, no conservaría como aún hago tan grato recuerdo de los mismos. Entiendo perfectamente que a mucha gente pueda no gustarles pero también entiendo mucho mejor a aquellos que se sintieron o sienten atraídos por algo que es despreciado por la mayoría y por cuya defensa terminan a veces aislados. Pero no debéis dejar que os inquiete lo que otros puedan decir porque ninguno de los que os critiquen por no ver las cosas como ellos las ven os podrá arrebatar ese sentimiento ni tampoco experimentará jamás la fuerza del mismo…

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4 comments

  1. Concuerdo totalmente contigo, hay juegos que en su día no recibieron buenas críticas o no calaron muy hondo entre nosotros, pero con el pasar d elos años y tras haberles dado una segunda oportunidad, pues uno queda como "Oye pero si esto tiene lo suyo". Saludos.

  2. En mi caso el lazo de unión se produjo en el primer contacto y se fue fortaleciendo con el tiempo pero también hay muchos como los que mencionas, de esos que en un principio nadie daba nada por ellos pero que luego consiguieron, en mayor o menor medida, el reconocimiento que se les había negado.

    Muchas gracias, Jose, por leer y comentar este artículo. Saludos.

  3. Lo mismo luego te diigo que son una aberración, pero el Street Fighter The Movie no lo conocía y me apetece bastante. Además, parto con la base de que peor que la película no va a ser así que voy a ver si lo localizo y lo juego.

    El Golden Axe no llegué a jugarlo por culpa de esas críticas que dices, habiéndome terminado el original y con lo que me gustó, me echó mucho para atrás la lluvia de palos que recibió.

    El de Amstrad no lo voy ni a intentar. Es demasiado antiguo para que, si no es una obra maestra absoluta, consiga superar el aspecto gráfico y lo tosco de jugarlo ahora. Creo que me he vuelto muy cómodo. El otro día jugando al Thimbleweed Park me parecía demasiado engorroso el sistema de juego, aquí uno cuyo juego favorito de todos los tiempos es el King's Quest V.

    Estupenda entrada, ya te contaré qué tal con el Street Fighter The Movie.

    Saludos fremen.

  4. Es muy posible que así sea, Atreides, pero mi experiencia no deja de ser eso, algo mío, personal, que por supuesto no tiene por qué ser compartido (y menos en igual forma e intensidad) por otras personas. No obstante, me alegra ver que al menos he despertado la curiosidad por alguno de los juegos que he mencionado y, quién sabe…

    Muchas gracias por comentar. Saludos.

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