Para algo más que jugar

Todos sabemos que, hoy en día, una consola de videojuegos no se utiliza solo para jugar. Hay distintos servicios y aplicaciones preinstaladas que permiten al usuario formar parte de una comunidad y acceder a contenidos de diversa índole, y todo ello ha ido entrando poco a poco, con el paso del tiempo, sin que casi nos demos cuenta pero quienes ya llevamos en esto unos años somos conscientes de que hubo un primer paso…

Para encontrarlo nos tenemos que remontar a mediados de la década de los 90, cuando aparecieron las primeras consolas de 32 bits. Cierto es que, mucho antes, los antiguos ordenadores de 8 bits como el Spectrum o el Amstrad ya permitieron el uso de programas variados, ya fueran de gestión, de diseño, de audio, etcétera, pero en lo que se refiere a las consolas, esto no se produjo hasta la llegada del formato óptico que, en cierta forma, todavía perdura y se resiste a morir, aunque es cuestión de tiempo que eso ocurra pero ese es un tema del que ya hablaré en otro momento. Vaya por delante que ignoro si esas otras máquinas que no mencionaré contaban con algo similar a lo que me dispongo a comentaros pero como mi experiencia se limitó solo a una consola, en esta será en la que me centraré.

Lo he dicho ya muchas veces: la Saturn de Sega ha sido y es para mí la consola que más he disfrutado en toda mi vida, gracias en buena parte a un catálogo de conversiones de recreativa que eran por entonces mi absoluta perdición. Hubo por supuesto otros juegos, pocos eso sí, que no venían del mundo arcade y que me gustaron mucho también pero, además, existió otra cosa que, a pesar de sus claras limitaciones, acabaría llamando poderosamente mi atención por lo novedosa que suponía…

Bueno, en realidad son varias. La primera era el poder escuchar música en CD, algo que, como es obvio, podía hacer cualquier máquina que contara con dicho formato. No obstante, de las dos siguientes ya no estoy tan seguro. La primera era que podía reproducir contenido en Vídeo CD, si bien para ello requería de un cartucho especial que habilitaba dicha funcionalidad y que jamás llegué a tener. Pero lo que sí que tuve y pude usar fue el disco “Photo CD Operating System”, que permitía cargar imágenes en la consola para trastear con ellas. No era posible grabar los resultados de dichas modificaciones que se limitaban a giros, volteos y la aplicación de varios filtros pero aun así era bastante entretenido. De hecho es una de las pocas cosas que todavía no he podido recuperar pero que, tarde o temprano, acabará de nuevo en mis manos.

Como ya dije, lo que ofrecía la Saturn es lo que yo conocí y, muy probablemente, la punta de un iceberg en cuanto a lo que se refiere a nuevas capacidades técnicas de unas máquinas que, ya en aquella lejana época, fueron diseñadas para algo más que para jugar. No sería hasta finales de la misma década y, por ende, del siglo que llegaría la segunda revolución en este sentido con la llegada de Dreamcast y el juego online que los usuarios de consola, a diferencia de los de PC, todavía no habíamos experimentado. Y ya después, poco a poco, ha ido viniendo todo lo demás…

Entiendo a los jóvenes que hoy se maravillan de todo lo que las máquinas actuales ofrecen porque esa misma fascinación la viví yo en su momento. Siempre he pensado que una consola debe de servir solo para jugar pero reconozco que también me dejé seducir por estas nuevas posibilidades que, a diferencia de lo que viene siendo habitual desde hace un par de generaciones, no venían integradas en el sistema.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Las consolas deberían haber permanecido solo como máquinas de videojuegos o todas las evoluciones que se han dado a lo largo del tiempo, y que las han convertido en lo que son a día de hoy, fueron y siguen siendo absolutamente necesarias para no quedarse atrás? Espero vuestros comentarios…

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