The Elder Scrolls IV: Oblivion

No soy precisamente un fanático de los juegos de rol pero la saga “The Elder Scrolls” y especialmente la entrega que voy a comentar sí son muy de mi agrado. Hoy, en “Mr. Gamepad”, voy a hablaros del que es MI JUEGO de la pasada generación y tengo buenos argumentos para decir esto, empezando por las casi dos mil horas que, en numerosas partidas con personajes diferentes, le he echado a lo largo de los años que llevo jugando…

“Oblivion”, que es cómo se subtitula esta entrega y cómo me referiré a ella de ahora en adelante, es un juego de rol de mundo abierto en el que tomamos el papel de un personaje que, por azares del destino, ha terminado preso en la prisión de la Ciudad Imperial, capital de la provincia de Cyrodiil. Allí seremos testigos de la muerte del emperador, el cual, antes de ser asesinado, nos pedirá ayuda para acabar con la amenaza que, proveniente de Oblivion, se cierne sobre el mundo de los mortales.

Desde el principio y durante nuestro periplo hasta salir de la prisión iremos configurando el personaje, personalizando su aspecto físico y eligiendo su raza, sexo y otros aspectos como la marca de nacimiento y la clase que definirá sus principales atributos y habilidades. Esto último es muy largo de explicar por lo que, si queréis saber más, os invito a buscar información detallada en las páginas dedicadas al universo de “The Elder Scrolls” que hay en Internet.

En este juego es posible, como suele ser habitual en el género, hacer uso de la fuerza física, el sigilo o la magia en función de cómo hayamos diseñado nuestro personaje y la tarea que debamos llevar a cabo. No existirá, en muchas ocasiones, una única forma de hacerlo, si bien el resultado podrá variar puesto que no es lo mismo, por ejemplo, pasar desapercibido que ir dejando un evidente rastro de destrucción. Pero somos libres de elegir un camino u otro, y el juego no nos penalizará más allá de la impresión que de nosotros tengan los NPC que nos hayan dado la misión. Será la fama o infamia acumuladas las que nos abrirán o cerrarán determinadas puertas, así que dependiendo de lo que busquemos deberemos de comportarnos de una manera o de otra.

Pero lo bonito e interesante de juegos como “Oblivion” es ir descubriendo, por uno mismo, todo lo que nos puede ofrecer, de modo que no hablaré más en este sentido y pasaré a comentar los aspectos más técnicos de esta joya atemporal. Por supuesto lo primero que llama la atención, una vez volvemos a ver la luz del sol, es la vastedad de la provincia de Cyrodiil, la cual podremos recorrer de un extremo a otro sin mayores barreras que las marcadas por el propio territorio. Eso sí, habrá momentos en los que el juego nos avise de que no podemos continuar avanzando cuando todavía hay zona más allá de donde estamos. Es comprensible que esto sea así, ya que el mapa tiene un tamaño limitado y lo que hay de más está ahí para que el paisaje no se corte de forma repentina aunque uno no puede, cuando explora libremente, evitar imaginar qué habrá un poco más allá…

Dentro de Cyrodiil encontraremos diferentes zonas tales como praderas, bosques, ciénagas, lagos, ríos y montañas. También las ciudades y pequeñas aldeas que hay repartidas por la provincia muestran cada una un aspecto diferente a las demás que las dota de personalidad propia. Aun así, ninguna se aleja de la estética medieval que impregna a todos los elementos del juego y que a mí particularmente me gusta mucho más que la ambientación nórdica que pudimos ver, años después, en “Skyrim”. El juego cuenta con dos vistas, en primera persona y en tercera. Aquí nuevamente es cuestión de gustos y, por lo que a mí respecta, la mejor elección es la vista en primera ya que, de esta forma, la inmersión en el juego es mucho mayor.

Pero si los gráficos son algo grandioso, teniendo en cuenta que el juego salió en el ya lejano año 2006, y a pesar de ello siguen luciendo estupendamente a día de hoy, otro componente que hace de “Oblivion” una obra maestra es la música. Creada por Jeremy Soule, en esta banda sonora escucharemos melodías que nos predispondrán a la batalla, que nos invitaran a dejarnos llevar por la belleza de los paisajes y que ambientarán a la perfección los interiores de los diferentes lugares que visitemos a lo largo de la partida. El juego nos llegó con diálogos en inglés pero, por fortuna, los textos lo hicieron en español, eso sí, con algún que otro fallo de traducción en diálogos aislados o en los productos de las tiendas que no hay que tener en demasiada consideración.

Y es que, por desgracia, algo tan enorme tampoco pudo escapar de ese mal que desde hace más de una década venimos encontrando en los videojuegos de cierto tamaño y presupuesto: los bugs. Sobre esto os voy a hacer una confesión y es que, cuando el juego salió, pronto los medios y parte de la comunidad se hicieron eco de algunos problemas que incluso podían impedir terminar la historia principal. Huelga decir que esto fue algo que me indignó profundamente y me hizo rechazar en un primer momento el juego. Solo cuando los fallos fueron subsanados me hice con él de segunda mano y, ciertamente, no me arrepiento de ello a pesar de que, a día de hoy, aún quedaron algunos flecos por coser como una misión en Anvil que, si la haces con un personaje masculino, no pasa nada pero si es femenino, terminas dentro de una casa sin poder salir.

Existen numerosos contenidos adicionales que fueron lanzados posteriormente, algunos para potenciar la faceta principal de nuestro personaje y otros a modo de expansión en los que se narraba una historia como, por ejemplo, la de los Caballeros de los Nueve. No obstante, la mayor expansión fue sin duda la de las Shivering Isles, que nos hizo entrar en un mundo completamente nuevo y que se podría decir que casi era un juego en sí misma, con la ventaja además de poder luego utilizar los elementos encontrados allí en Cyrodiil, lo que sin duda lo hizo todavía más atractivo. Pero hay que decir que tanto contenido en la misma partida podía ocasionar problemas a la hora de guardar e incluso algunos cuelgues, por lo que lo mejor era ir guardando a menudo y, a ser posible, en dos archivos diferentes. Yo tuve una experiencia bastante mala en este sentido y, si da rabia perder una partida de 10 o 20 horas, imaginad una de más de 400…

He obviado mencionar, aunque lo hago ahora, el tema de los mods, puesto que es algo que no conozco. Sé que los hay en gran cantidad y muy variados, pero todo eso queda dentro del mundo del PC, al cual ya sabéis si me seguís que soy ajeno. Espero que todo lo dicho haya servido para conocer o recordar el que fue, sin duda, uno de los grandes de aquel tiempo. Actualmente he vuelto a ponerme con él en mi Xbox 360 y estoy sumamente contento de comprobar que recorrer los numerosos caminos y senderos de Cyrodiil, combatir contra los bandidos y otras criaturas o perderme en las profundidades de cuevas y ruinas antiguas en busca de tesoros sigue siendo algo tan atractivo y placentero como lo fue la primera vez.

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2 comentarios

  1. Este juego lo compré el mismo día que Shadow of the Colossus, y aunque tuvo que esperar a que me pusiera con el, dado que SotC me atrapó de manera brutal, lo cierto es que alucinaba con la libertad del juego.

    Pero desde hace bastantes años no he vuelto a tocar el juego, tengo la versión de PC original, con sus tantos CD para instalar. Quizás me anime y vuelva a Oblivion (Creo recordar que la versión de 360 es retrocompatible con One)

    Skyrim, sin embargo, nunca me atrapó tanto como este juego.

    1. Lo mismo me sucedió a mí. Mentiría si no dijera que no lo disfruté, porque también le di lo suyo pero “Oblivion” tiene algo especial que hace que quier volver a él una y otra vez cada cierto tiempo. Y actualmente ahí estoy, viajando por Cyrodiil sin mayor pretensión que pasar el tiempo recorriendo sus paisajes y haciendo alguna que otra tarea que se me presente mientras cazo lobos (por ahora)…

      Gracias, Tiex, por pasarte por el blog y compartir tu experiencia. Saludos.

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